Camarón de la Isla: el cantaor que revolucionó el flamenco
Cada 2 de julio el flamenco se para un momento a recordar. Ese día, en 1992, se apagó la voz de Camarón de la Isla, y desde entonces no ha habido otra igual. Más de tres décadas después su nombre suena con la misma fuerza, puede que más. Porque Camarón no fue solo un cantaor extraordinario: fue el hombre que cogió el flamenco de siempre y lo empujó a un sitio donde nadie lo había llevado.
Quién fue Camarón de la Isla
Detrás del apodo había un nombre: José Monje Cruz. Nació el 5 de diciembre de 1950 en San Fernando, la antigua Isla de León, en Cádiz. De ahí lo de «de la Isla». Lo de «Camarón» se lo puso un tío suyo, por lo rubio y lo flaco que era de chaval.
Venía de una familia gitana humilde, entre la fragua del padre y los cantes de su madre. Cantaba desde muy niño, y pronto se vio que aquello no era lo normal. Su primer escenario de verdad fue la Venta de Vargas, en San Fernando. Luego llegó el salto a Madrid: el tablao Torres Bermejas, donde estuvo cantando temporada tras temporada durante años. Esa escuela —la del tablao en directo, cada noche— lo terminó de hacer cantaor, y es la misma raíz de la que sale el cante jondo que escuchamos hoy.
Camarón y Paco de Lucía: la pareja que lo cambió todo
Y entonces apareció Paco. El encuentro entre Camarón y Paco de Lucía es de esas cosas que pasan una vez cada mucho tiempo: dos genios jovencísimos entendiéndose sin hablar. Empezaron a grabar juntos a finales de los sesenta y de ahí salió una serie de discos que hoy son historia pura.
Lo suyo no era tocar y cantar a la vez. Era diálogo. La guitarra preguntaba y la voz respondía. Esa química elevó el listón de lo que se podía hacer con una guitarra y una garganta.

Camarón de la Isla y Paco de Lucía hacia 1969. Foto: Pérez de León
La leyenda del tiempo: la ruptura
En 1979 Camarón hizo algo que muchos no le perdonaron. Sacó La leyenda del tiempo, un disco con letras de Lorca, guitarras eléctricas, bajo, batería, rock y jazz. Flamenco, sí, pero como nunca se había oído. Cuentan que los primeros vinilos se devolvían en las tiendas.
Y sin embargo, con los años se convirtió en una de las obras más influyentes de la música española. Lo que parecía una traición era una puerta: Camarón le había enseñado al flamenco que podía respirar otro aire sin dejar de ser flamenco.
Las canciones imprescindibles de Camarón
En los ochenta, el guitarrista Tomatito se convirtió en su sombra fiel. De esos años es Soy gitano (1989), grabado con una orquesta sinfónica y uno de sus discos más vendidos. Si quieres empezar a escucharlo, estos temas no pueden faltar:
- «La leyenda del tiempo». El tema que da nombre a aquel disco rompedor, con versos de Lorca. Si solo puedes oír uno, que sea este.
- «Volando voy». Rumba escrita por Kiko Veneno y convertida en himno. La cara más luminosa de Camarón.
- «Como el agua». Tangos junto a Paco de Lucía y un jovencísimo Tomatito. Tres genios en estado puro.
- «Nana del caballo grande». Otro texto de Lorca con una hondura que pone los pelos de punta.
- «Soy gitano». El tema que dio título a su disco con orquesta, una de sus grabaciones más célebres.
Su vida ha dado también para el cine, con una película biográfica y un documental sobre su figura.
¿De qué murió Camarón de la Isla?
Camarón murió el 2 de julio de 1992, en Badalona, de un cáncer de pulmón. Tenía solo 41 años. San Fernando se echó a la calle para despedirlo: miles de personas en un duelo que toda España vivió como algo personal. Está enterrado en el cementerio de su pueblo natal, donde su tumba sigue siendo lugar de peregrinación para los aficionados. Desde entonces empezó el mito: reediciones, homenajes, paredes pintadas con su cara.
El legado de Camarón y dónde sentirlo en directo
Pregúntale hoy a cualquier cantaor joven de dónde viene y, tarde o temprano, sale su nombre. Camarón cambió la manera de entender el cante: la libertad para arriesgar, el fraseo, la mezcla sin complejos. Su voz sigue sonando en gente que ni había nacido cuando él murió. Eso tiene la leyenda: que no caduca.
A Camarón hay que escucharlo, pero el flamenco se siente de verdad en directo, con la madera del tablao crujiendo bajo el zapateado y el quejío a un par de metros. En el Tablao Flamenco 1911 mantenemos viva esa llama cada noche: échale un vistazo a nuestros espectáculos de flamenco en Madrid y ven a sentir por qué este arte engancha para siempre.