Top 9 Mujeres en el Flamenco que han marcado la historia de este arte
Hablar de la mujer en el flamenco es hablar de una historia de superación, carácter y revolución artística. Aunque la historiografía clásica a menudo centró su atención en las grandes sagas masculinas, la realidad de los tablaos y los escenarios cuenta una historia diferente: el flamenco, tal y como lo conocemos hoy, fue esculpido en gran medida por el temperamento femenino.
Desde las primeras referencias en los cafés cantantes del siglo XIX hasta la profesionalización del género, la figura de la bailaora flamenca y la cantaora ha evolucionado rompiendo barreras sociales y estéticas. No solo aportaron belleza, sino que introdujeron técnicas, ritmos y formas de expresión que cambiaron el género para siempre.
A continuación, analizamos a las 9 mujeres flamencas imprescindibles para entender esta evolución. Una selección que abarca el baile racial, el cante enciclopédico y la genialidad artística.
1. Carmen Amaya «La Capitana» (El baile universal)
Es imposible empezar una lista sobre mujeres flamencas sin citar a Carmen Amaya. Nacida en las barracas del Somorrostro barcelonés, Amaya supuso un antes y un después en la técnica del baile. Fue la primera en apropiarse del zapateado con una furia y velocidad que, hasta entonces, se consideraban exclusivas del baile masculino.
Famosa por bailar vestida con traje corto (pantalones), su proyección internacional fue inmensa, actuando en la Casa Blanca y triunfando en Hollywood. Ella enseñó al mundo que el flamenco femenino podía ser pura fuerza visceral.
2. Lola Flores «La Faraona» (El temperamento)
A menudo eclipsada por su faceta mediática y cinematográfica, es justo reivindicar a Lola Flores como una artista de un compás y un temperamento inigualables. Se hizo famosa la crítica del New York Times que decía: «No canta ni baila, pero no se la pierdan».
Lola encarnaba el carisma absoluto. Su forma de recitar, su movimiento de bata de cola y su fuerza expresiva crearon una escuela basada en la personalidad por encima de la técnica.
3. Pastora Pavón «La Niña de los Peines» (La enciclopedia del cante)
Si hablamos de conocimiento, hablamos de Pastora Pavón. Es la figura cumbre del cante femenino del siglo XX. Su apodo le vino por unos tangos que cantaba de niña («péinate tú con mis peines…»), pero su legado va mucho más allá.
Pastora dominaba todos los palos y fue creadora de estilos propios, como las bamberas. Su voz de bronce y su capacidad para ejecutar los cantes más difíciles con una afinación perfecta hicieron que fuera declarada Bien de Interés Cultural. Es el espejo en el que se miran todas las cantaoras actuales.
4. Manuela Carrasco (La solemnidad gitana)
En el extremo opuesto a la velocidad, encontramos a Manuela Carrasco. Ella representa el concepto de la «majestad». Conocida como «La Diosa», su baile es rito y ceremonia.
Manuela demostró que no hace falta desplazarse por todo el escenario para llenarlo; a veces basta con un «plante», una mirada y una subida de brazos lenta y solemne. Es la máxima exponente del baile gitano puro, donde la estética y el peso escénico priman sobre la acrobacia.
5. La Singla (La genio del silencio)
Antonia Singla es uno de los casos más fascinantes de la historia del flamenco. Sorda de nacimiento, aprendió a bailar sin escuchar la música, guiándose únicamente por las vibraciones de la guitarra y el compás que veía en las palmas.
Su estilo, salvaje y carente de cualquier norma académica, cautivó a la intelectualidad europea de los años 60 (incluyendo a Dalí y Duchamp). Su «grito» silencioso en el escenario es la prueba de que el flamenco es un arte que nace de las entrañas, no sólo del oído.
6. Fernanda de Utrera (La reina de la Soleá)
Utrera es territorio de cante gitano, y Fernanda fue su reina. Su voz, ronca, rota y llena de melisma, es considerada la mejor que ha existido para cantar por Soleá.
Fernanda no cantaba desde la garganta, sino desde la pena y la vivencia. Junto a su hermana Bernarda, representa la transmisión oral del flamenco, ese arte que no se aprende en los conservatorios, sino en las reuniones familiares y que se clava directamente en el alma del oyente.
7. La Paquera de Jerez (El poderío vocal)
Si Fernanda era el dolor íntimo, La Paquera era la explosión de energía. Francisca Méndez ha sido, probablemente, la voz más potente de la historia de Jerez. Famosa por su dominio de la bulería, era capaz de actuar en grandes espacios sin micrófono gracias a su torrente de voz.
La Paquera simboliza la alegría, el ritmo frenético y la fuerza de la mujer jerezana. Su eco es, a día de hoy, uno de los más imitados y buscados en internet bajo el término «cantaora flamenca».
8. Merche Esmeralda (La Escuela Sevillana)
Para entender la diversidad del baile flamenco, hay que mirar a Merche Esmeralda. Ella personifica la elegancia, la estilización y la feminidad clásica. Gran dama de la Escuela Sevillana, su baile se caracteriza por el uso magistral de las castañuelas, la colocación perfecta de los brazos y una técnica depurada.
Merche demostró que el flamenco también puede ser académico y refinado sin perder su esencia jonda.
9. La Perla de Cádiz (La aristocracia de la Bahía)
Cerramos este recorrido en la «Tacita de Plata» con Antonia Gilabert, «La Perla». Hija y nieta de artistas, heredó los secretos de los cantes de Cádiz: las alegrías, los tanguillos y las bulerías de la bahía.
Su estilo se definía por el compás exacto (el «soniquete») y una dulzura vocal que contrastaba con la fuerza de otras contemporáneas. La Perla representa la elegancia natural y la alegría señorial de la mujer gaditana en el flamenco.
Estas 9 mujeres no son solo nombres en una lista, son los pilares sobre los que se construyó el arte flamenco moderno. Gracias a su valentía para innovar y su capacidad para transmitir verdad, hoy podemos disfrutar de una escena flamenca rica y diversa. Su legado sigue vivo en cada tablao, inspirando a las nuevas generaciones de bailaoras y cantaoras que siguen subiéndose a las tablas cada noche.
La historia continúa escribiéndose sobre las tablas. Para honrar a estas pioneras, hemos preparado una programación exclusiva en la que pasado y presente se dan la mano. Durante la Semana del 8 de marzo, el tablao acoge una selección de espectáculos en el Día de la Mujer en Madrid, donde el flamenco vuelve a ser voz, memoria y celebración.


