José Escarpín y su récord Guinness en Tablao Flamenco 1911
El Récord Guinness del flamenco llega al tablao flamenco más antiguo del mundo: Tablao Flamenco 1911.
Cuando llega la primavera, España suena diferente. Entre el redoblar de los tambores, surge una voz solitaria que corta el aire y silencia a la multitud. Es la saeta, una de las expresiones más desgarradoras y bellas de nuestra cultura.
Pero, ¿qué es exactamente y por qué nos emociona tanto? En este artículo exploramos la conexión profunda entre este canto y el arte jondo.
La saeta de Semana Santa no es una simple canción; es una flecha (del latín sagitta) lanzada al aire. Nació en la calle, como una oración espontánea del pueblo llano dirigida a las imágenes de la Pasión.
Aunque sus raíces son antiguas y mestizas —mezclando llamadas a la oración árabe, salmodias judías y cantos misioneros cristianos—, la saeta que conocemos hoy es hija directa del flamenco. Es el momento en el que el dolor y la devoción encuentran su cauce en la garganta del cantaor.
A principios del siglo XX, la saeta se «aflamencó». Los grandes maestros empezaron a imponerle los tercios y la dificultad técnica del cante jondo. Así nació la saeta flamenca, un estilo que requiere una potencia y un sentimiento extraordinarios, ya que se interpreta a palo seco (sin guitarra).
No cualquier cantaor se atreve con ella. Es un enfrentamiento a solas con el silencio, donde el artista debe romper su voz para transmitir el sufrimiento de la Virgen o del Cristo.
Culturalmente, muchos conocen este arte gracias a la famosa «La Saeta» de Antonio Machado, popularizada musicalmente por Joan Manuel Serrat. Esos versos («dijo una voz popular…») convirtieron la saeta en un himno universal.
Sin embargo, en el mundo del flamenco puro, la saeta evoluciona a través de palos solemnes. Las más habituales son las saetas por seguiriyas o las saetas por martinete, estilos que nacieron en las herrerías y las cárceles, cargados de una gravedad que encaja perfectamente con la atmósfera de la Semana Santa.
Si la saeta es la banda sonora de la calle, el tablao es el templo donde ese sentimiento se mantiene vivo todo el año.
Tras disfrutar de las procesiones de Madrid, la experiencia cultural continúa en los escenarios. En el Tablao Flamenco 1911, ubicado en la emblemática Plaza de Santa Ana, recogemos esa atmósfera de respeto y pasión para ofrecerte un espectáculo que te erizará la piel.
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